Algunas puntuaciones de los encuentros de La Mesa Lacaniana 2025

Por Laura B. Milocco

Durante los encuentros realizados por los integrantes de la Mesa Lacaniana de Tandil, nos propusimos a realizar un recorrido teórico por textos como el Malestar en la Cultura y desde éste, la conceptualización de la angustia en la enseñanza de Jacques Lacan, a partir de la orientación de Jacques-Alain Miller. Se aborda la noción de biología lacaniana, el estatuto del cuerpo como condición de goce y el lugar de la angustia como operador lógico privilegiado de acceso a lo real. A partir del diálogo con Freud, especialmente Inhibición, síntoma y angustia (1926), se examina el desplazamiento lacaniano desde el deseo hacia el goce, así como la función del objeto a, la mirada y el desmontaje del campo especular. Del recorrido efectuado se sostiene que la angustia no es un afecto a eliminar, sino una experiencia estructural que subvierte el complejo de Edipo y redefine la orientación de la cura psicoanalítica contemporánea. La conceptualización lacaniana de la angustia a partir de la lectura sistematizada de Jacques-Alain Miller, articulándola con la noción de biología lacaniana, el estatuto del cuerpo hablante y la primacía del goce en la última enseñanza de Lacan. Para ello, se retomaron referencias claves como el Estadio del Espejo, el Seminario X (La angustia), el Seminario XX (Aún) y los desarrollos sobre el síntoma como acontecimiento del cuerpo.

Algunos apuntes de lo trabajado:
La angustia ocupa un lugar central y singular en la enseñanza de Jacques Lacan, en tanto no se presenta como el verdadero afecto y una vía privilegiada de acceso a lo real. A diferencia de la tradición freudiana, que inscribe la angustia en una economía ligada al peligro, la defensa y el deseo del Otro, Lacan produce un desplazamiento decisivo al situarla como señal de lo real y como operador lógico fundamental de la experiencia analítica.

De Freud a Lacan. ¿Del deseo al goce?
La llamada “angustia lacaniana” no constituye un concepto homogéneo heredado de Freud, sino una elaboración que se distancia progresivamente de sus coordenadas. En Freud persiste una tensión entre cuerpo y vida que lo conduce a apoyarse en mitos fundacionales como Tótem y tabú y el complejo de Edipo y a formular la pulsión de muerte como principio explicativo
último.
Lacan, tal como lo destaca Miller, desplaza el eje de la problemática desde el ser hacia el goce. Si bien durante una extensa etapa de su enseñanza el deseo ocupa un lugar central, definido como “falta-en-ser”, este se presenta como una dimensión que mortifica la vida. La última enseñanza introduce un viraje decisivo: el goce se vuelve primario, anterior al Otro y constitutivo del cuerpo. Durante el Seminario 10 se advierte como se desprende el goce del significante a partir de la construcción de ese seminario que es el objeto a.

La Biología Lacaniana y el estatuto del cuerpo:
La noción de biología lacaniana emerge como una orientación hacia el “último Lacan”. Lejos de una concepción biologicista, se trata de una formalización que interroga el vínculo entre cuerpo, vida y goce. Lacan sostiene que “la vida se presenta bajo la forma del cuerpo”, siendo esta condición del goce.
En esta perspectiva, el cuerpo ya no se reduce a su inscripción en el registro imaginario. En el Seminario 23, Lacan lo nombra como una “bolsa vacía”, soporte libidinal que incide en las pasiones narcisistas. El estadio del espejo
(1936) da cuenta del pasaje de la insuficiencia a la anticipación, produciendo una vivencia gozosa inaugural (Aha-Erlebnis), que funda el primer lazo social alienado bajo la forma mirar-ser mirado.
La alienación al campo del Otro introduce el desconocimiento como núcleo estructural, y puede conjeturarse que el complejo de Edipo funciona como una biología imaginaria que eclipsa al cuerpo vivo en favor de la imagen especular (i(a)).
En Inhibición, síntoma y angustia (1926), Freud abre un campo que Lacan radicaliza al inscribir el síntoma como acontecimiento del cuerpo. En este marco, cuerpo, vida, significante y goce se anudan en la biología lacaniana.
Lacan abandona el dualismo pulsional y se confronta con la afirmación de que “la naturaleza no es el Uno”. La captura del Uno se vuelve una operación central, no ya en relación con el individuo, sino con el significante. El ser humano mantiene con su cuerpo una relación mediada por el saber, a
diferencia del animal, cuyo cuerpo coincide con la vida . En el Seminario XX, Lacan afirma: “un cuerpo que goza y no sabe qué es el goce ”, subrayando la primacía del goce y la imposibilidad de un saber científico
sobre lo viviente.

La angustia como un operador lógico:
La angustia irrumpe allí donde la defensa especular del Estadio del Espejo se quiebra. Lacan trabaja especialmente la función de la mirada como objeto pulsional exógeno: su caída produce el desmontaje del campo escópico. La angustia no se refiere a un objeto específico, sino a una presencia inquietante
ante la mirada del Otro.
El fantasma funciona como un velo que protege al sujeto de lo real pero que produce placer, que puede expresarse en el acting out. La angustia, en cambio, no media: se sitúa entre el goce y el deseo como operador lógico que produce certeza. En el Seminario X, Lacan afirma que la angustia no se cura ni se elimina; por el contrario, permite un acceso privilegiado a lo real y una separación radical entre lo real y lo especular. En este sentido, la angustia derriba el complejo de Edipo y subvierte las coordenadas clásicas de la
clínica.

El objeto “a”. Deseo y amor.
El objeto a es anterior al deseo y pertenece al registro de lo real. Su paradigma es el seno materno, relación primordial del sujeto con el objeto real. En la dialéctica de la frustración, este objeto se vuelve signo de amor,
desplazándose hacia el don materno y adquiriendo estatuto simbólico.

Deseo y goce constituyen estructuras heterogéneas: el goce tiene su lugar en
el cuerpo propio, mientras que el deseo se articula en relación con el Otro.
El amor opera como mediador entre ambos, desplazando el objeto a hacia un objeto investido (ágálma). La angustia, en cambio, no falsifica el objeto, sino que lo produce como causa.

Lacan llega a identificar el deseo con la interpretación analítica, subrayando su estatuto metonímico y su carácter de deseo de nada, metonimia de la falta en-ser. Cuando el objeto fascinante se desvanece, el deseo se desinfla, revelando su carácter ilusorio.

¿A modo de conclusión…provisoria?
La angustia, lejos de ser un afecto patológico a erradicar, se presenta en la enseñanza de Lacan como una experiencia inaugural . En tanto señal de lo real, opera como vía de acceso privilegiada a aquello que escapa a la
simbolización y al velo imaginario del fantasma.
La orientación lacaniana de la cura no apunta a la supresión de la angustia, sino a su lectura y a su función lógica en la producción del objeto-causa. De este modo, la angustia se redefine por el cuerpo y el goce a partir del síntoma, ofreciendo una clínica acorde a las coordenadas de la época y a la subversión radical que introduce el psicoanálisis.