Diagnóstico Freudiano de la civilización

MESA LACANIANA DE TANDIL

TRABAJO 2025: DIAGNOSTICO FREUDIANO DE LA CIVILIZACION (una síntesis)

El sentido del deseo como elaboración ética tiene por limite a la angustia

Lic. Angel Orbea

Para tal fin, de la mano del Freud retrocedemos a 1929-30, época en que escribe su Malestar en la cultura. Sin ambages, él resume las preocupaciones sobre sus contemporáneos, pero sobre todo ahonda su rasgo de carácter que el mismo definió como de “pesimismo lucido”. También le entramos al Seminario, 7 La ética del psicoanálisis, en el punto las paradojas del deseo, y Antígona. Esto nos dejó en las puertas de los textos de Miller Biología lacaniana, y La angustia lacaniana. (ambos capítulos del dos cursos, publicados por Paidós). Presentados por la integrante de la mesa Laura Milocco

UNO: Como núcleo del Malestar en la cultura, su verdadero título debería ser sufrimiento por tres; el cuerpo, el mundo, y los otros. El malestar en la cultura es el resultado de cruzar dos conceptos fuertes de cuño bien freudiano; pulsión y superyó. Estos trabajan la sociedad de su tiempo. Al respecto, Freud especula, descarta, conjetura, interpreta, construye, y escucha, dejando de lado el inconsciente, o mejor, retomándolo de otra manera. Una inferencia básica indica que los conceptos de inconsciente y superyó están abrochados al padre como principal operador de la norma, mientras que el concepto de pulsión no le debe nada al padre y por lo tanto su norma es la satisfacción. Esta doble afirmación por el padre trae consecuencias en la enseñanza de Lacan, y la clínica. Los dos primeros están las vías del deseo y la represión. La pulsión es satisfacción más allá del placer.

¿De qué lado queda en psicoanálisis en este siglo? No es casual que el deseo este como más presente en el siglo pasado. Hoy el goce antes que el deseo es concéntrico a las ultimas elaboraciones de Lacan, por eso es el certero principio de una orientación del psicoanálisis a lo Real.

Según El malestar en la cultura, la pulsión como satisfacción, y el superyó como lo opuesto, son la matriz cultural, que, en sus identidades y diferencias, rigen algo que al comienzo del texto Freud toma como punto de partida; “la felicidad a la que aspiramos, por razones internas y externas es inalcanzable1”. La pulsión impone y el superyó impide. Este par ordenado es lo que germina como el condicionante de las neurosis, que es la forma en que se vive el malestar en la cultura. Durante largo tiempo -y como objetivo separar del yo- Lacan a esta diferencia le interpondrá su noción de sujeto del inconsciente.

DOS: Es notable como Freud va ligando la acción del superyó contra la satisfacción al síntoma como retorno. También aparece la sublimación como única satisfacción sin pasar por la represión, pero Freud aclara “no le es dado a todos”. Por último, a Freud no se le escapo el uso “del quitapenas”, que compensa el renunciamiento pulsional. Hoy queda claro que el uso de narcóticos no es tanto por frustración sino por satisfacción compulsiva a favor de una identificación a lo peor.

En el Malestar en la cultura Freud define al hombre como un dios con prótesis”. -Hoy se podría decir “un dios con celular”-. Claro que el uso del celular, a diferencia del superyó, es placentero. Luego, los apremios a la satisfacción pulsional encuentran dificultades frente mundo exterior. Frente a esto, la reacción constitutiva del sujeto será presentada por Freud en su texto La Negación (Die verneinnug) de 1925, por dos conceptos filosóficos como como Bejahung (afirmación) o Ausstossung (rechazo primordial), conformando una dialéctica clínica2, desde la perversión a la alucinación, pasando por el acting out, que en el malestar será la segregación de la agresión y el odio al mundo externo.

La solución que Freud encuentra a esta segregación es extraña; “se libidiniza la agresión, y se la introyecta en el yo”. Tal es el origen del superyó, verdadero agente del malestar en la cultura, autor de una paradoja clínica, que empieza reforzando la prohibición para redoblar la insistencia a la satisfacción prohibida. -Esto último se lo ve a cielo abierto en pacientes con tendencia al consumo de sustancias-.

Freud no escatima; el superyó instala una afirmación contundente “el problema mayor de la cultura es la culpa”, al punto de que “una intención queda equiparada a la acción”. Estas dos vertientes del superyó se expresan en lo público como” necesidad de castigo”. En Lacan, -que no está de acuerdo con estos desarrollos freudianos- seria la formación de un S1, testimonio de la división subjetiva por el significante, que deja por fuera todo lo que es del orden del goce y del cuerpo en tanto que vivo. Conviene aclarar, que culpa y castigo son afectos e intenciones que se repiten, por lo tanto, son también formas defensivas satisfactorias aun en lo peor. El delincuente por culpa es el mejor referente, como también el que fracasa al triunfar, personajes estudiados por Freud ya en 1916.

La referencia clínica de lo anterior es la neurosis obsesiva, pues Freud se extiende en explicaciones a partir de la indefensión primordial que da lugar a “un estado de conciencia vigilante hacia el otro”. -también origen de cierta paranoia constitutiva- Esa vigilancia se transforma en un síntoma obsesivo para evitar la vergüenza de “ser descubierto”. Por lo tanto, en el malestar lo primero no es el Otro sino la satisfacción. Sin aun saberlo, Freud se ubica del lado de la última enseñanza de Lacan, en la que el goce es anterior al significante.

Terminante Freud en su diagnóstico de la civilización, a la que caracteriza por dos cosas: 1- la frustración cultural, 2- un estado de miseria psicológica. El primero parte de lo que Freud llama “infantilismo psíquico”, que deriva de un proceso interno pulsional de transformación del odio en amor hacia el padre. La interpretación freudiana del mandamiento pauliniano de “amar al prójimo”, en tanto que este precepto es para Freud un imposible, reduce la salida por el amor, quedando la pérdida del amor, como un estado emotivo de miedo permanente que Freud relaciona a la castración. Esto último resignifica el dilema del comienzo del texto, entre “el poderío individual y el poder comunal”. Frente a este dilema, Freud confiara en la justicia, que se espera no sea de orden del amor ni del odio.

A las relaciones familiares, Freud le asigna “sentimientos cariñosos”, por cuanto están “inhibidos en su finalidad sexual”, y no deja de insistir en que la monogamia es el resultado de la bipedestación del humano, y un límite a lo sexual que define el deseo como prohibido. Entonces “la cultura con sus producciones restringe el sexo, extiende lo social, y da a las mujeres un pobre lugar de ocuparse de la familia, con escaso nivel de sublimación”. En la actualidad estas hipótesis de Freud no existen más.

Respecto al estado de miseria psicológica, con el que Freud caracteriza a sociedad, si se piensa que esta miseria psicológica es el resultado -según Freud- de la “sustitución de la felicidad por más seguridad”, hoy conserva plena vigencia.

Sobre la mitad de su texto, Freud hace una distinción sobre dos procesos; el de la cultura y el de la evolución. Freud dice que “la cultura genera inclusión, pero es egoísta”, mientras que “la evolución es altruista, y genera uniones”. La evolución pasa por el cuerpo y la reproducción de la vida, mientras que la cultura pasa por el lenguaje y sus producciones. Luego, en un giro hacia el monismo, reúne los dos términos “evolución cultural “y los explica por el superyó, como el verdadero núcleo del malestar en la cultura, que hace que “los hombres más altruistas simultáneamente sean los más egoístas”. Esto prueba que Freud no se quedaba con los semblantes que los binarismos del sentido introducen en el pensamiento.

Desde la última enseñanza de Lacan, altruismo y egoísmo son semblantes que atravesaron la época del nombre del padre, basada en la represión del sexo. También son versiones del padre, pilares de la educación de pibes y pibas durante décadas. La época de Freud es la de la vigilancia externa por los dispositivos que tanto estudio Foucault3. El semblante -definido por Miller4– como condensación de simbólico e imaginario, no alcanza lo real, pero fundamentan los discursos, que desde sus lugares y matemas tampoco alcanzan lo real. Luego, en su enseñanza se abrirá un surco hacia lo real, que será lo más presente en los últimos Semanarios, que JAM llamo “la ultimísima enseñanza de Lacan”

TRES: El Seminario 7 es parejo y erudito. Lacan se lanzará a una elaboración ética en el sentido del deseo que terminara siendo sacrificial, y que trajo diversas consecuencias entre los analistas. El Seminario tiene como núcleo el Malestar en la cultura, más precisos recortes de La negación, y del Proyecto de una psicología para neurólogos del año 1895. También esta atravesado por referencias muy directas; La política de Aristóteles, La crítica a la Razón Pura de Kant, la Ciencia de la lógica de Hegel, Sófocles y Heidegger. Con todo, hoy -gracias a Miller- podemos inferir que desde esa época la enseñanza de Lacan entra en una suerte de impase con los tres registros RSI. Por un lado, está el estructuralismo y la dialéctica hegeliana, pues Lacan va dejando atrás el surrealismo y la fenomenología de post guerra. Es entonces cuando progresivamente recurre a la formalización, retomando a Descartes y luego a Fregue, y Russell.

Semejante despliegue epistémico es una hazaña que Lacan lleva a Freud, para interpretar por un lado el inconsciente freudiano, en un movimiento de “retorno a Freud”, como un retorno a la clínica, y por otro ese oscuro acontecimiento de Tótem y Tabú que es el asesinato del padre. Desde el concepto de inconsciente y el mito del padre muerto, Lacan comienza la construcción de una ética del psicoanálisis, que, en tensión con los posts freudianos de su época que tendrá como salida el concepto de deseo del analista. Debe de llamar la atención, como para una ética del psicoanálisis Lacan pasa por alto su fenomenal invención de la metáfora paterna, que es su interpretación del Edipo freudiano.

Lo que hizo Lacan con el inconsciente es más conocido que lo que hará con el asesinato del padre. La Interpretación de los sueños y Tótem y Tabú no son pares que se aparean, son invenciones de Freud. El primero mucho más clínico y preciso que el asesinato primordial. Sin embargo, Lacan sigue ese original mito, al que califica como el “último mito de la modernidad”, pues Freud lo propone como algo que hace ley, por lo tanto, lo tendrá como el gran ordenador de la sociedad.

CUATRO: El punto de partida de Freud es escandaloso; no es un pacto, ni un consenso, ni siquiera un mandato, es un asesinato, la muerte del padre. ¿Cómo se trasmite esto? Lacan en el seminario de marras responde “mediante el drama y la tragedia”. Lacan lo reafirma, por eso la clase XXI del ese seminario es una apología a la tragedia de Antígona.

Es notable como en el 59´-60’, – época del semanario 7- a la fecha, las vías sacrificiales del deseo van desapareciendo por diversos motivos, en especial, por el “asenso al cenit del objeto a” Expresión de Miller en su conferencia en Comandatuba, que escandalizo a cientos de lacanianos, y que deberá ser el menú del próximo año en la Mesa lacaniana de Tandil, por cuanto sus consecuencias en la clínica son extraordinarias, porque no se trata solo de matemas y discursos, sino de la intervención directa de la tecno ciencia en la vida de los sujetos.

Pero en el Seminario 7 el asesinato del padre deja de inmediato un saldo de amor fraterno identificatorio al padre. El padre muerto según los hijos genera cataratas de amor y obediencia retroactiva, pues permite la entrada de la mujer. Hay que reconocer que este torrencial amor tiene como límite “el amor al prójimo. Pero también se mata al padre para acceder a las mujeres. Sucede que los hijos sin el padre, pero identificados a este, por la “comida totémica” quedan paralizados. ¿Paralizados frente a qué?

Luego el padre freudiano muestra su impostura, y Lacan pasa del nombre a los a-nombres de padre, para arribar al padre lacaniano, que tiene su opción a la dignidad, por cuanto hace de una mujer la causa de su deseo5. Se ahondan las paradojas freudianas y lacanianas, sobre de deseo y el goce. (de la página 203 a la 34, del Seminario 7)

Lacan dirá que en la “vía del goce hay que pasar por la trasgresión”. Luego la ética del analista es “no retroceder, no ceder. Pero para eso, como la joven Antígona, hay que entrar en el juego como ya muerto. Terrible designo que alimento deseos oscuros.6

CONCLUSION PERENTORIA: Pensando en una orientación hacia la ultimísima enseñanza, y dado que la mesa lacaniana de Tandil no enseña, sino que orienta, en este punto desde el Seminario 7 se establece -a partir del Malestar- una orientación más por el lado del hombre y la neurosis que de la mujer, cosa que Lacan en su última enseñanza va a subvertir, abriendo el psicoanálisis, y su enseñanza, para el lado de la mujer y la psicosis como lugares cáusales y clínicos.

También desde el Seminario sobre la ética, una confusión metódica sostenida por Lacan propondrá al deseo como vía al goce, pero resulta que en esa época para Lacan -influenciado por Kant y Sade- el goce es un mal, al que habrá que combatir como Don Bartolomé Mitre a las montoneras de las provincias.

A su tiempo, también Miller durante un breve trayecto sostendrá lo mismo, pero luego -en los 10 últimos cursos- a partir del Seminario Aun, (1973) el goce toma gravitación no a partir del lenguaje y el Otro sino del cuerpo, para mostrar como el goce se separa del Otro y en su lugar poner el Uno y cuerpo. Esto tendrá lugar a partir de la angustia, en el Seminario 10 donde se elabora el objeto a, que será solidario de la época en la que el Otro no existe más, y entonces todo comienza a girar distinto hacia el Sinthome.

Por lo tanto, puede haber uno o varios diagnósticos freudianos de la civilización, pero en este caso el trabajo del año nos conduce a un avanzar hacia la ultimísima enseñanza de Lacan.

1 Lo destacado en negrita es cita de las referencias

2 J. Lacan, Comentario hablado sobre la Verneinung de Freud, Escritos 1

3 J-A Miller, Intuiciones Milanesas

4 J-A Miller, Curso La naturaleza de los semblantes, Paidós

5 J. Lacan, Seminario RSI

6 L. Lacan, Seminario los cuatro conceptos del psicoanálisis.e