MIENTRAS FREUD DISECCIONA: APOSTILLAS DE UNA LECTURA DEL YO Y EL ELLO

MIENTRAS FREUD DISECCIONA: APOSTILLAS DE UNA LECTURA DEL YO Y EL ELLO

Lic. Ángel Orbea
La invitación de la Mesa Lacaniana del Distrito VIII para el próximo 1° de julio me reconecta con ese majestuoso trabajo de Sigmund Freud de hace 100 años atrás. Me preguntaba cómo es que lo dejé de leer y me respondo porque estoy del lado lacaniano y Lacan no se orientó por el Yo y el Ello. Por el contrario, termina fustigando ese gran trabajo de su predecesor vienés, aunque en algunos seminarios- como el 15, El acto analítico, tras la justificación del Pase- hace una referencia al Ello en la andadura cartesiana, mientras justifica la relación verdad-transferencia a partir de articular el “Ello al no pienso y el inconsciente al no soy”.

En una lectura neutralizada por la traducción de López Ballesteros, de entrada el trabajo de Freud me suena en la vena de R. Descartes y su “Discurso del método”, por cuanto allí el autor disecciona la unidad del viviente, mientras que Freud disecciona la unidad psíquica con su segunda tópica. Tal distinción puede ser el punto de partida de “una lectura lacaniana del Yo y el ello”, como propone esta Mesa.

Freud ya venía diseccionando desde “Más allá del principio del placer” con su dualismo pulsional, mientras sus discípulos cada vez entendían menos y se alejaban del inconsciente y sus formaciones, para tomar caminos originales más acorde al perfil de las personas que estaban en consulta. El bardo es grande: Ferenzci, Abraham Rank, Adler, Estekel, Reich y Federn, algunos definitivamente alejados del inconsciente y que en sus extravíos fueron encontrando métodos y técnicas más acordes a un sujeto que ya está acosado por las urgencias del mundo laboral y demanda salidas rápidas.

Por caso, Wilhelm Stekel, uno de sus primeros discípulos, ya lo había señalado en su opúsculo “La mujer frígida”: “si Freud tiene una paciente con insomnio por continencia sexual la escucha un año, yo la presiono para que se busque un amante”. Claro está, Estekel quedó en el olvido: con Freud aún tenemos para rato.
Para resituar su invención, Freud encara la segunda tópica desconcertando una vez más a sus discípulos, con un Ello mudo, y un Super-yo que ordena lo que prohíbe, todo bajo un proceso de supresión de cargas y recuperación por la identificación.

En una breve lectura lacaniana, este texto tiene un misterio: “la energética freudiana”, que en el seminario 23 -El sinthome- Lacan conecta con su real sin ley. Veremos cómo sigue todo esto, a 100 años de la fecha en que Freud publicó su trabajo.